La esencialidad del periodismo

Opinion 07 de junio de 2021 Por Esteban Pittaro
El discernimiento de las informaciones reales, necesarias y valiosas, y su comunicación fiel y adecuada, sería esencial en tiempos de incertidumbre, en todo nivel.

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Cuando el mundo siglo XXI daba sus primeros pasos en pandemia, gobiernos y audiencias coincidieron en inaudita sintonía en que el ejercicio del periodismo sería esencial para lo que vendría. Los estados democráticos así lo expresaron en sus primeras normas de emergencia y las audiencias fueron espontáneamente encontrando en él un intento de traducción y previsión de lo que podría pasar.

Una esencialidad que no tendría que ver con un pasaporte para la libre circulación, o la eximición de cumplir medidas de prevención, ni con una obligación de concurrencia a espacios de trabajo que de por sí ya se estaban reformulando. Sino con una responsabilidad que recaería en el periodismo.

Esta pandemia siglo XXI presentaba otras oportunidades para-periodísticas de información. Gobiernos y empresas que podrían realizar anuncios en redes sociales, organismos científicos, laboratorios, hospitales, profesionales de la salud, hasta víctimas de la enfermedad, todos con canales para dar cuenta de sus perspectivas y visiones de un virus invisible. Aun así, con múltiples oportunidades de información que en la Gripe Española no existían, el periodismo sería esencial.

En la declaración de la esencialidad del periodismo no surgieron reglas excluyentes. No se asoció ideologías ni se excluyó al periodismo especializado. El ejercicio periodístico sería esencial, no tan solo aquel referido a la gestión de la pandemia, o el periodismo de salud. Sería tan esencial el renombrado despertador de la radio como aquel de la televisión que requeriría sí o sí un estudio de tv, o el que desde su hogar rastrearía hasta el último detalle de una información expectante de ser publicada en internet. Periodismo basado en hechos, interpretaciones, o explícitas opiniones: todo periodismo.

El discernimiento de las informaciones reales, necesarias, y valiosas, y su comunicación fiel y adecuada, sería esencial en tiempos de incertidumbre, en todo nivel. Con un mundo que cerraba las puertas, la responsabilidad de conocer y dar a conocer lo que ocurriría recaía naturalmente sobre estos profesionales de la comunicación.

Pero la esencialidad del periodismo no nació en la pandemia. Ni acabará con ella. Como así tampoco acabó con el advenimiento de las redes sociales, en las cuales han surgido algunas extraordinarias manifestaciones de innovación periodística, particularmente de periodismo especializado.

Tampoco la esencialidad del periodismo se agota en la revelación de las verdades ocultas por la clase política o empresaria. Hay ejercicios de escucha y construcción de mensajes que no hacen tambalear estructuras de corrupción, pero que siembran en historias esa esperanza tan necesaria hoy como el pan de cada día.

El periodismo es esencial. Lo era cuando Moreno fundó La Gazeta de Buenos Ayres, durante cada crisis política vivida, lo es hoy. Es esencial a pesar de sus errores y sus vicios, y sus disputas dialécticas ajenas a lo que se espera de él.

Cada profesión podrá reclamar lo propio. Pero el periodismo lejos de competir con otras sobre la importancia de sus funciones está invitado a vivir con alegría y renovado compromiso la oportunidad de servir más y mejor a una ciudadanía que quiere conocer, comprender, y tomar las mejores decisiones para su propia vida. Con la ciudadanía en el centro y la vocación de servirla en su necesidad de comprender, el desafío de la sustentabilidad con calidad, acaso la gran angustia del periodismo contemporáneo, se convierte en una batalla que da gusto combatir.

Esteban Pittaro es Doctor en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, y Director de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Austral.

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